viernes, 28 de diciembre de 2012

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Fume de fábricas e sentidos aletargados
feridas sen cerrar na miña alma
mirada fría, disciplina de soldado
soterrados os teus soños, a túa calma.

Resquicios de humanidade
abismos repletos de desilusión
rúas marxinais, ferinte exclusión
recordos daqueles ollos; saudade.

Os teus beizos son a miña debilidade
escapatoria, soidade, mundo repugnante.

Palabras, cartas herrantes
endexamáis chegarán a ninguén;
esta noite ficarei coa miña sombra,
lousas de pedra nos meus pés.









jueves, 9 de agosto de 2012

Debilidad.

-Es tu puta sonrisa, me hace olvidar la hipocresía humana, la alienación, el humo contaminado e incluso el jodido holocausto.
-Estaremos siempre juntos si así lo deseas; seré tu pequeña chispa de despreocupación, el chute que alivie todos tus dolores y el abrazo que necesites para sentirte protegida.
-No, tan sólo quiero que no dejes de sonreír nunca.


lunes, 23 de julio de 2012

Corazón agrietado.

Esperar. Esperar a que caiga una estrella fugaz, esperar cinco minutos más para levantarse, esperar a un autobús fumando un cigarrillo, esperar a alguien.
Tuviste que enamorarte de él; ideales de locura, miradas afligidas, tristezas nocturnas y pensamientos impenetrables. Te hizo explorar, vivir, morir, mover ideas, personas, mundos; en definitiva: cambiar.
Por esto cada segundo de mi vida es tan tuyo como mío, y cada vez que te odio intensifico aún más tu presencia.
Seguiré ahogando tu recuerdo en vasos de calimocho hasta que tenga un buen día; hasta que consiga estar las 24horas sin pensar en ti.


"Nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan".

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Propio conocimiento.

Y de repente... allí estaba, en aquella habitación sin ventanas, oscura, húmeda, desoladora, sin sitio para sueños. Sólo había una silla, con una pata coja y de color marrón oscuro, un tanto deprimente. El mundo del colorido que tanto amaba destacaba por su ausencia. No había amarillo chillón, verde esperanzador ni violeta que dejara paso a la imaginación. Pero si que había rojo, apasionado, sangriento, símbolo de violencia y amor, de desesperación y de falta de aliento; sin duda era el más hermoso de todos. Llevé mi dedo índice hasta ese lugar y tras acariciar lentamente esa mancha espesa me la lleve a la boca. Sangre... dulce con sabor a metal, siempre he demostrado mi amor por los demás lamiéndola cuando se hacen heridas, es la plena aceptación. Las heridas son lo más hermoso que podemos tener, la vulnerabilidad, la debilidad, el límite de a donde llegar. Lo bueno de los besos es que curan las heridas, lo malo es que causan adicción. A mí personalmente ya me llega con ser adicta a las evasoras de la realidad: alcohol, marihuana, cocaína... siempre me han demostrado su fidelidad, al contrario que tus labios.
El frío me hacía tiritar, estaba muy débil. Quizás la sangre era mía, no había nadie más alrededor, no sabía la razón por la que me había despertado allí. Me había pasado con las metanfetaminas, no era la primera vez que me desmayaba, que notaba un muro de ansiedad y detestaba ese mundo sin color, ese viento helado que sentía a pesar de no existir ningún tipo de corriente.
Observé mejor la habitación y me di cuenta de que había algo más, una pequeña navaja(probablemente causante de la sangre) y un espejo rasgado. Me acerqué con miedo, odié toda mi vida los espejos, falsos transmisores de una realidad que no existe.
 No podía ni caminar, fui a gatas hasta que estuve lo bastante cerca de ese cristal que refleja diablos y de esa navaja que podría haber segado vidas sin significado como la mía. Cuando por fin estuve lo suficientemente cerca algo me devolvió la mirada. En el espejo se reflejaban unos ojos aterradores, fríos y egoístas. Sin embargo lloraban. Los labios denotaban sed y a pesar de ser sólo un espejo, un aliento con peste mañanera de borracho inundaba mi olfato.
Y por fin, lo comprendí. Estaba encerrada en mí misma, lo que me devolvía la mirada en el espejo no era más que mi verdadero yo, aquel que todos ocultamos a toda costa. Miedo de mí misma, conocerme hasta repugnarme... el peor sentimiento que puede alcanzar un ser humano, autocompasión.
Y, finalmente, me desmayé, demasiada información, más de lo que cualquier persona puede soportar dentro de su burbuja de engaño y rutina.